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La escuela de la niña que nunca escuchó el mundo

Estados Unidos, siglo pasado. Helen Keller tiene 19 meses y sobrevive a una inflamación en el cerebro. Se queda ciega y sorda. 22 años después, siendo estudiante universitaria, en 1903, escribe el primero de los quince libros que publicará: La historia de mi vida.

 

Muchas veces retrocedo, caigo, permanezco inmóvil, tropiezo con obstáculos escondidos, pierdo la paciencia, me pongo de mal humor; recupero la paciencia y el buen humor; persisto y avanzo un poco: me siento alentada, asciendo más y empiezo a ver el horizonte que se ensancha. Cada lucha es una victoria. Un esfuerzo más y llego a la nube luminosa, a la azul profundidad del cielo, a las altas mesetas del deseo. Sin embargo, no siempre estoy sola en estas luchas.

 

A los siete años, Helen Keller (1880-1968) conoció a Anne Mansfield Sullivan, quien sacudiría su vida para siempre. Con ella, la niña aprendió a controlar sus explosiones de agresividad cuando no podía comunicarse con otros y comenzó a hablar y escribir.

 

Con un dedo de Anne, su maestra, dibujando letras en la palma de su mano, Helen pudo conocer otro modo de comunicación: “Desde que la señorita Sullivan inició mi instrucción me habló como hablaría a cualquier niño que no careciera del sentido auditivo; la única diferencia era que, en lugar de pronunciar las palabras, las escribía en mi mano”.

 

Así, en esa escuela singular y táctil ubicada en la sala de su casa, Helen no sólo pudo sentir el mundo, sino aprehenderlo con una sensibilidad extraordinaria que floreció en entornos distintos a los tradicionales. Ella dice:

 

Nuestro paseo favorito era caminar a Keller’s Landing, un viejo muelle semiderruido que se adentraba en el río Tennessee. […] Ahí pasamos muchas horas felices y jugamos al aprendizaje de la geografía. Con piedrecillas construí diques; formé islas y lagos y excavé lechos de ríos, todo en juego, sin sospechar que aprendía una lección.

 

En este texto autobiográfico, reimpreso innumerables veces y traducido a 50 idiomas, Helen narra la vida de una niña ejemplar que en 1904 se graduó de la Universidad Radcliffe con honores para convertirse en la primera mujer sorda y ciega en obtener un título universitario. Ella describe el enorme privilegio de tener una maestra notable:

Cualquier profesor puede llevar a un niño hasta el aula, pero no cualquiera puede hacerlo aprender. El niño no trabajará con alegría si no se siente libre. Es preciso que sienta la emoción de la victoria y el dolor de la desilusión antes de que se resuelva a emprender voluntariamente las tareas que le son desagradables y a avanzar danzando valerosamente a través de una rutina aburrida de libros de texto.

 

Hoy, cuando los materiales y las escuelas para personas como Helen siguen siendo escasos, esta “Anticuaria” confirma que en los libros que huelen a muchos años siempre hay una historia que aprender.

La historia de mi vida

Keller, Helen
Primera edición, 1903. New York, Doubleday, Page & Company. España: Editorial Renacimiento, 2012

 

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