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Brasil: planteamientos básicos para el uso de la evaluación educativa

 

José Francisco Soares, miembro del Consejo Nacional de Educación (Brasil) y profesor jubilado de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), señala en entrevista con la Gaceta, qué se espera de la evaluación educativa y cómo su uso detona la mejora en la educación. Explica que si la educación no es verificada no es un derecho, y que el apoyo ciudadano es medular para la continuidad de las evaluaciones.

La evaluación en Brasil

 

José Francisco Soares, extitular del Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas “Anísio Teixeira” (INEP), habla sobre la evaluación:

 

—Brasil, al igual que el resto de los países latinoamericanos, ha sido parte de las reformas educativas iniciadas en la década de los sesenta. En ese entonces, la preocupación recaía en ampliar la cobertura de los sistemas educativos. Luego, hacia los años ochenta, la atención se centró en mejorar la gestión, enfatizando la calidad con la que se daba el servicio educativo. Recientemente, la evaluación se ha convertido en un instrumento fundamental para el fortalecimiento de la calidad educativa, y con ello surge un gran debate: puesto que el cambio no se produce sólo por contar con muchas evaluaciones, es claro que la transformación la generan sus usos y propósitos. Además, su continuidad y fortalecimiento dependen del uso efectivo y de la credibilidad que se genere en la sociedad. La evaluación ganará terreno cuando la sociedad compruebe que su derecho a la educación no sólo es medido, sino mejorado.

 

La idea de la práctica de la evaluación educativa se fue fortaleciendo en Brasil hacia 1995. Cuando se hablaba de evaluaciones, por lo general, era en un sentido de control de la escuela hacia los maestros, pero en esos años, en Brasil se hablaba de una idea del derecho representado por aprendizajes. Así se empezó a dar otro sentido a la evaluación como parte de la verificación del derecho. A partir de ese año comenzaron a tenerse datos que podían ser utilizados de esas dos maneras.

 

En 2002, Brasil experimentó un cambio político profundo, el gobierno de centro cambió por uno más de izquierda y éste expandió el sistema de evaluación. Antes, los ejercicios de evaluación eran por muestreo y, a partir de este año, comenzaron a ser por censos. Así, desde 2002 y hasta nuestros días, el apoyo que ha dado el gobierno ha sido muy importante para que la evaluación tenga continuidad.

 

Avances y desafíos en el sistema educativo

Soares, doctor en Estadística por la Universidad de Wisconsin, menciona los desafíos del sistema:

 

—Actualmente, entre los seis y los catorce años —periodo que comprende la educación básica obligatoria—, tenemos una cobertura muy grande. Sin embargo, los retos están en la educación infantil, pues el nivel de cobertura es bajo: alrededor de 80% u 85%. Otro asunto preocupante es que, a partir de los 13 años, los jóvenes comienzan a abandonar la escuela. Entonces tenemos muchachos de 15, 16 y 17 años fuera de ella. Aquí hay dos retos importantes.

 

Es cierto que hemos mejorado muchísimo, pero tenemos otros dos problemas importantes. El primero está relacionado con la permanencia, ya que los datos no son tan positivos como los de acceso. En Brasil, tenemos un censo escolar, con el cual sabemos dónde está cada niño y qué pasa con él en cada año escolar. Así se puede trazar una trayectoria. Lo que hemos visto es que, en los institutos regulares, 25% de los estudiantes no completa los primeros nueve años de la enseñanza elemental.

 

El otro problema es la cuestión de los aprendizajes. Existen casos de éxito en la primera parte de la enseñanza elemental, que va de los seis a los nueve años; pero de los 11 a los 14 la mejora es lenta, y en la enseñanza media estamos completamente paralizados.

 

Hay que señalar que conocemos estos datos por las evaluaciones, contamos con al menos tres tipos: la evaluación de acceso, hecha con censos demográficos; la de permanencia, que se obtiene a partir de lo que dicta la ley brasileña —en la tercera semana de mayo, las escuelas entregan a los gobiernos estatal y federal información sobre todos sus alumnos—, y la de aprendizaje. En este último caso, tenemos la evaluación nacional de alfabetización para niños y niñas de ocho años y tenemos la prueba Brasil, para estudiantes de 10 a 14 años, la cual se parece al Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes (PLANEA) de México. También aplicamos exámenes al finalizar la enseñanza media y ésta es información importante para la última parte del sistema obligatorio.

 

Por todo esto, Brasil se distingue como un enorme banco de datos que surgen de las evaluaciones y de los indicadores y que dan visibilidad a los alumnos. Pero se vuelve relevante otro reto fundamental: la desigualdad en aprendizajes.

 

Somos un país muy desigual y, si bien es cierto que hay esfuerzos no institucionalizados para cerrar esta brecha, también es un hecho que no contamos con un indicador oficial al respecto. Lo tenemos para medir la calidad educativa, pero creo que nos hace falta la construcción de un indicador de desigualdad. Yo, personalmente, me he involucrado en este proyecto, pues considero que sería una muy buena fuente de información.

 

La importancia y los usos de la evaluación

 

De acuerdo con el postdoctor en Educación por la Universidad en Michigan:

 

—En Brasil tenemos un número elevado de evaluaciones. Es como si el INEP fuese al mismo tiempo la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) en términos de evaluación. Creo que las evaluaciones, incluyendo los censos, son absolutamente primordiales porque permiten conocer con mucha claridad los problemas en el sistema educativo.

 

En nuestro caso, nos ayudan a saber exactamente en qué regiones los estudiantes se están quedando en las escuelas y están aprendiendo. Hay avances en todas partes: tenemos zonas muy pobres que, a pesar de eso, están consiguiendo mantener a sus estudiantes en la escuela y lograr que aprendan. Eso lo sabemos por las evaluaciones.

 

También, desde la perspectiva de derechos, la evaluación es absolutamente esencial, porque nos dice qué ciudadanos no ejercen adecuadamente su derecho a la educación y quiénes no acceden a la educación de calidad con equidad. Por ello, se puede decir que la evaluación mantiene una dimensión de ciudadanía muy amplia y es una de las razones por las que debería continuar existiendo.

 

Por otro lado, la información de las evaluaciones es un insumo para debates y discusiones sobre problemas sociales, por lo que los resultados están dirigidos al campo de la política pública. Sin embargo, un uso que falta fortalecer es la dimensión para la pedagogía. Ésta es una nueva frontera. No deberíamos hacer evaluaciones que no puedan ser usadas para cambios pedagógicos, entendidos éstos como las formas en las que se enseña un aprendizaje clave.

 

La evaluación no dirá qué enseñar en cierto tipo de escuela, para cierto tipo de alumnos, o qué aprendizaje no está siendo adquirido. No nos dice el cómo, pero identifica el problema, y podemos utilizar la investigación pedagógica para saber cómo enseñar tales cosas a los estudiantes y así fortalecer el aprendizaje.

 

En general, no estamos acostumbrados a decir que los alumnos con cierta calificación adquirieron determinados aprendizajes. Eso tiene que ir cambiando. Por ejemplo, en México existe un currículo nacional, hay un documento muy sólido de aprendizajes clave, así que se puede generar ese tipo de interpretación. Es cierto que este tipo de lenguaje no es claro ni sencillo, pero el sistema de evaluación tendría que pensar más y encontrar maneras de traducirlo.

 

En Brasil, por ejemplo, tenemos la Plataforma Devolutiva Pedagógica, creada por el INEP. Ésta busca dar un uso pedagógico a los resultados de las evaluaciones y así aproximar sus resultados a las decisiones en el ámbito de las escuelas, sea por profesores, gestores o, incluso, para que la sociedad califique su actuación en consejos y demás órganos colegiados del sistema.

 

Esta plataforma asigna significado pedagógico a los resultados numéricos de las evaluaciones. Se parte de la idea de que recibir un número como retroalimentación de las evaluaciones o un informe genéricamente descriptivo de la situación de aprendizaje de los alumnos, es poco informativo. Entonces, el sistema fue diseñado para posibilitar al público la discusión sobre las deficiencias de aprendizaje. Es posible, por ejemplo, acceder a evidencias sobre si los niños de una escuela o red logran identificar el personaje principal de un cuento corto o reconocer la medida de longitud de un objeto en centímetros. Los mayores méritos de la iniciativa descansan sobre el grado de detalle pedagógico de los resultados, que son acompañados por comentarios de especialistas. De esta forma, las funcionalidades de las tecnologías de comunicación permiten escalar la información y personalizar el uso de los resultados a necesidades específicas.

 

¿Qué papel tiene la evaluación en el ámbito educativo?

 

Soares profundiza sobre las acciones que se han tomado en Brasil para acercar los datos a las aplicaciones pedagógicas:

 

—Hay dos acciones que han sido decisivas para el crecimiento de la evaluación en Brasil: la primera fue la creación del índice de desarrollo de la educación básica brasileña (IDEB), y la segunda, la utilización del Examen Nacional de la Enseñanza Media (ENEM) como forma de acceso a la educación superior.

 

El IDEB sintetiza, en la misma escala comúnmente utilizada en la escuela (de cero a diez), las dimensiones de aprendizaje y flujo escolar. Fue una apuesta por dialogar de modo simple con las necesidades de información de gestores, padres de familia y de la sociedad. Por estas características, el IDEB ganó notoriedad y se convirtió en la referencia nacional de responsabilidad para las escuelas, redes y sistemas de enseñanza del país.

 

La segunda acción que impulsó decisivamente la evaluación en Brasil se dio a partir del uso de los resultados del ENEM para ingreso en la enseñanza superior. A pesar de las críticas que recibió —sobre sus limitaciones para medir la calidad del sistema educativo— la creciente utilización de sus resultados fue el principal motor tanto para el examen como para las demás evaluaciones. Para tener una idea del tamaño de su relevancia, basta decir que, desde hace 5 años, “ENEM” es de los 10 temas más buscados en toda la red de computadoras en Brasil.

 

La lección para el fortalecimiento de las evaluaciones, a partir de estos dos ejemplos, es bastante clara: hay que avanzar en la traducción de la complejidad de los métodos y resultados de la evaluación y facilitar su uso. Este es el camino no sólo del crecimiento, sino de la sostenibilidad de las evaluaciones.

 

El derecho a la educación

 

Soares aborda uno de los puntos fundamentales de la educación:

 

—Finalmente, soy de la idea de que un derecho que no es verificado no es un derecho. Esto es muy importante. En Brasil tenemos una sociedad tan desigual que es muy fácil ubicarse lejos de la realidad y quedar encantados con el discurso. Debemos salir de éste para llegar a la práctica y a la evaluación. Necesitamos concreción de los resultados.

 

En definitiva, es claro que la evaluación no producirá la mejora educativa, sino que permitirá obtener información para dirigir la elaboración de políticas. Estamos aplicando muchísimas evaluaciones que, como dije, tienen una función social, pero no han generado cambios en la pedagogía. Éste es el punto en el que la evaluación educativa, la investigación académica y las políticas públicas deberían centrarse si queremos lograr una mejora real en la calidad de la educación.

 

Estrategias de continuidad: la difusión y el apoyo ciudadano es trascendental

 

Finalmente, Francisco Soares comenta:

 

—El sistema de evaluación se ha desarrollado de manera muy interesante en Brasil. En 1995, cuando hicimos las primeras evaluaciones en primaria, a la que llamamos enseñanza fundamental, fue claro que teníamos problemas muy serios. Fue una etapa de la educación en la que las medidas que se requerían tomar estaban en curso; así que en diez años hicimos cambios muy grandes. Mucha gente dice que esta transformación fue propiciada por la evidencia, porque mostramos a las escuelas que podríamos estar mejor, es decir, que los estudiantes realmente podían aprender mejor.

 

Otra posible explicación para esa mejora se debe a que planteamos una meta muy clara para que las escuelas pudieran avanzar y, seguimos trabajando en eso, porque en la segunda parte de la primaria ha costado más trabajo, es aquí donde tenemos problemas pedagógicos más complejos.

 

Ahora bien, sobre la continuidad y el fortalecimiento de los ejercicios de evaluación en Brasil, debo comentar que un factor que lo explica es el hecho de que los dos ministros de Educación que guiaron la reforma educativa son economistas y se quedaron por ocho años cada uno. Esto permitió que la continuidad fuera motivada por esa visión de resultados que los economistas entienden con bastante claridad.

 

Otro factor de empuje para dar continuidad a la evaluación es que la sociedad brasileña piensa que es bueno saber lo que está pasando en las escuelas. Esto brinda apoyo suficiente, dado que los gobiernos son muy sensibles a lo que la sociedad exige. Si dicho apoyo no existiera, sería más difícil.

 

Por supuesto, muchos estados en Brasil tienen sus propios sistemas de evaluación, que son muy similares y, a veces, muy armónicos con respecto al sistema nacional. Es decir, hay diferentes maneras de evaluar, pero la clave ha sido la difusión. A nivel país, por ejemplo, se han creado portales de internet para favorecer no sólo la difusión, sino el uso de los resultados de la evaluación.

 

Otro esfuerzo que también ha marcado la diferencia son los pequeños grupos de profesores que conforman equipos de trabajo y analizan qué es lo que hay que hacer en el campo educativo. Es así como la idea de planificación se suma a la difusión y uso de las evaluaciones, y también es considerada importante para lograr el cambio.

 

Es por ello que el INEP debe trabajar para mostrar a la sociedad que, para que la educación tenga resultados muy concretos, el derecho debe ser monitoreado y las publicaciones de dicha institución deben caminar en ese sentido. Por ejemplo, he visto que el INEE ha llevado a cabo grandes esfuerzos de comunicación: los panoramas que publican cada año y los reportes técnicos de planilla son materiales de muy buena calidad, aspecto que imitaría en mi país si pudiera. Por supuesto que los cambios pueden ser muy lentos, ya que la cuestión política es mucho mayor que la preocupación educacional, pero hacia allá vamos.

 

Así, la experiencia en Brasil da cuenta de cómo se impulsa la cultura de la evaluación: con la difusión de resultados se genera empatía, interés y empuje desde la sociedad para conocer las fortalezas, debilidades y avances en la educación. Son ellos los que están más interesados en conocer las mejoras. Por otro lado, los actores, figuras y autoridades educativas la usan —cada vez de manera más eficiente y oportuna— para tomar decisiones que generen mejoras continuas en el sistema educativo.

 

Entrevista: Lizbeth Torres Alvarado

INEP:  http://www.inep.gov.br/

Plataforma Devolutiva Pedagógica: http://www.devolutivas.inep.gov.br

 

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