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Evaluación del sistema y del aula: reflexiones foráneas para el fortalecimiento del SNEE

 

En conversación con la Gaceta, Jeaniene Spink, del Consejo Australiano para la Investigación Educativa, y Barbara Bruns, del Centro para el Desarrollo Global, comparten experiencias internacionales en evaluación e intervenciones educativas. Éstas son algunas estrategias que los miembros del Sistema Nacional de Evaluación Educativa pueden recuperar para lograr el cumplimiento de su gran objetivo: una educación de calidad.

 

En México, el Sistema Nacional de Evaluación Educativa (SNEE) engloba una serie de acciones de evaluación e intervención educativa que tienen como fin último, el cumplimiento del derecho a una educación de calidad. Así, autoridades educativas de nivel nacional y estatal han planteado sus propios caminos para avanzar en este desafío. En este contexto, las aportaciones de dos analistas internacionales resultan útiles para seguir adelante con la construcción y el fortalecimiento de un sistema de evaluación que dé resultados y que se apegue a contextos locales. Aquí, algunos planteamientos en dos ámbitos distintos: la evaluación al sistema y a docentes en el aula.

 

En el sistema educativo: Una política de evaluación con mecanismos claros y funcionales

 

Jeaniene Spink, especialista en educación internacional y comparada y directora del programa de investigación sobre educación y desarrollo en el Consejo Australiano para la Investigación Educativa (acer, por sus siglas en inglés), dimensiona el punto de partida:

 

—Un elemento importante en la calidad de la educación es la equidad, la cual tiene diferentes niveles (desde el internacional hasta el individual) y distintas dimensiones (el acceso, los resultados en el aprendizaje, las oportunidades, etcétera),  La equidad es proveer oportunidades iguales a todos los niños para que sean capaces de progresar por ellos mismos a lo largo del sistema educativo.

 

Vamos a encontrar alumnos que son más capaces que otros, desde el punto de vista del aprendizaje. La equidad sería real si estos niños que no poseen tantas habilidades de aprendizaje recibieran las mismas oportunidades para acceder a su educación y lograr su propio progreso. Esto significa que cuenten con buenos docentes, recursos financieros y educativos e incluso el apoyo de la comunidad en la que se desenvuelven.

 

¿Cómo saber si esto se cumple? Para la mejora educativa es necesario tener un buen entendimiento de la situación y, para ello, se necesita información. Dentro de este proceso de recolección de información, la herramienta más importante es saber cómo y quién la utilizará. Luego, hay que ser capaz de responder a lo que arroje dicha información. Si ésta indica que es necesario hacer cambios, hay que hacerlos. No sólo en percepciones u opiniones, sino en las prácticas, en la inversión, etcétera.

 

En el uso y difusión de la información se debe cuidar que ésta se defina y articule con base en el público al que se va a presentar. Si va dirigida a las autoridades educativas o a los equipos técnicos encargados del análisis estadístico no puede ser presentada de la misma forma. Además, hay que tener bien ubicados a los stakeholders de la educación. Si los padres de familia, los docentes, los estudiantes, las escuelas y las autoridades educativas son quienes usan la información, una buena estrategia es incluirlos en los procesos de recolección para hacerlos partícipes de los problemas educativos y conscientes de los resultados. Cuando intervienen en este proceso, se vuelven agentes activos para detonar los cambios necesarios. Así, una primera conclusión es que la estrategia de comunicación debe ser continua, oportuna y focalizada.

 

Por otro lado, es necesario tener presente que los cambios en las políticas educativas requieren estrategia de inversión. Esto es lo que permitirá que el cambio ocurra. La gente se pregunta por qué: a) recabamos información; b) la información nos dice que hay un problema; c) el problema indica que se requiere un cambio; d) no hacemos nada; e) repetimos el ciclo una y otra vez. Así que la inversión es un plan de acción claramente articulado con el proceso de monitoreo. Es un ciclo continuo de acción.

 

Finalmente, debo comentar que redactar un documento no es elaborar una política. Implementar una acción “A” porque así lo señala el documento es una solución muy simplista. Una política de evaluación educativa o una política de intervención se refieren a la construcción de un proceso en el que el elemento más importante es el apoyo político que se da “detrás de las puertas”. Es importante contar con un sostén sistemático para generar un cambio real en las posturas y acciones alrededor de la educación.

 

El asunto es poner al centro a los niños, generar consensos y apoyos y dejar de lado los asuntos políticos que puedan estar presentes. Si se da este gran paso y si se habla con las personas correctas, en el tiempo correcto, en la forma y el momento correctos, habrá la posibilidad de hacer el cambio.

 

En el aula: evaluación docente, un caso de estudio

 

Por su parte, Barbara Bruns, especialista en evaluación de programas educativos en América Latina y quien fue la primera gerente del Fondo Estratégico de Evaluación de Impacto (SIEF, por sus siglas en inglés), analiza desde el Centro para el Desarrollo Global (CGB, por sus siglas en inglés) cómo se pueden fortalecer los mecanismos de evaluación y profesionalización de los maestros.

 

—Desde hace unos diez o quince años, se ha incrementado la evidencia sobre el factor clave en la calidad de la educación: los docentes. Los países con bajos niveles de aprendizaje de los alumnos reflejan sistemas educativos de baja calidad y malos sistemas de reclutamiento o contratación de maestros. Es decir, no tienen mecanismos para incentivarlos o capacitarlos, y los mecanismos de promoción están basados sólo en los años de servicio.

 

Por esto, la Reforma Educativa en México, además de ser una de las más importantes en América Latina, es trascendental: reconoce que la calidad de los docentes es relevante para el sistema educativo y señala que es posible mejorarla. Lo que quiero decir es que el nuevo sistema para la contratación y promoción de los profesores —basado en el mérito y en la evaluación de sus propias competencias— así como el sistema de incentivos, favorecerán el desempeño óptimo de los mismos. Así lo están haciendo en Chile, Perú, Ecuador y otras naciones en la región.

 

Existen muchas formas de apoyar la formación de los docentes. Algunas de las estrategias que podrían ocupar las autoridades educativas, en México, pueden rescatarse de experiencias ya probadas que deben responder a los focos rojos que la información está indicando.

 

Primero, es necesario fortalecer los sistemas de evaluación de los maestros para su ingreso y promoción al sistema educativo. Una forma es introducir la observación en el aula. En Chile, por ejemplo, el sistema de contratación, incentivos y evaluación de los docentes es muy bueno. Se videograba su desempeño en el aula, y un panel de expertos revisa los videos y elabora una retroalimentación detallada para los profesores. Entre otras cosas, les señalan lo que están haciendo bien y lo que no están haciendo tan bien. Esto se ha vuelto una base sólida para la evaluación de su desempeño.

 

La observación en el aula es importante porque por medio de un examen escrito es difícil conocer cómo los maestros apoyan emocional y pedagógicamente a sus alumnos, si los mantienen interesados en las clases, si crean un ambiente de aprendizaje, etcétera. Las diferencias nacionales en los niveles de calidad en la educación tienen que ver con los sistemas de evaluación docente.

 

Sin embargo, para aplicar evaluaciones a través de observaciones en el aula es importante tener una metodología válida y rigurosa que determine los niveles de desempeño. No puede hacerse sólo desde la perspectiva del observador. Además, quienes observan deben ser coordinados por expertos. Por ejemplo, no pueden ser los directores de las escuelas porque se pierde objetividad.

 

Otra intervención puede recaer en el desarrollo de programas de capacitación y acompañamiento a nivel de escuela. Hay que evitar los grandes programas de este tipo que realmente no inciden en la práctica educativa.

 

En São Paulo, Brasil, por ejemplo, se implementó uno donde cada escuela tenía un coach que trabajaba con los docentes vía Skype. Estaban en constante comunicación. Los maestros se grababan y enviaban los videos a su coach, quien los retroalimentaba. Juntos generaban nuevas y mejores prácticas educativas. El costo del programa fue de dos dólares por estudiante al año. Los profesores señalaron que la estrategia les brindó buena retroalimentación y les permitió mejorar su desempeño.

 

Un ejemplo más de intervención local se observa en Washington, Estados Unidos. En los últimos siete años se ha visto un progreso destacable. Después de estar en el último lugar del desempeño educativo de 50 estados hicieron una reforma con ideas similares a las de México: altos estándares para el ingreso de los docentes, promoción con base en su desempeño y retroalimentación a su trabajo. El nivel salarial se incrementó de 30 000 a 50 000 dólares al año y el Estado comenzó a atraer maestros mediante estrictos sistemas de evaluación de ingreso y permanencia.

 

Los profesores tienen evaluaciones anuales en las que los expertos observan su desempeño en el aula y les dan una retroalimentación de 10 a 20 hojas. Si el docente está entre los mejores, puede doblar su salario. Es así como en Washington tenemos mejores niveles de desempeño educativo y maestros ganando alrededor de 100 000 dólares al año, algo nunca visto en Estados Unidos.

 

Recomendaciones para México hacia 2020

 

Barbara Bruns: Socialización de prácticas y experiencias

 

—Se debe ver más allá. Hay que observar y reconocer lo que se está haciendo en otros estados. Si uno está innovando y llevando a cabo reformas que se traducen en mejorías, hay que darle visibilidad y recursos. Es necesario estimular a otros estados para que repliquen las buenas experiencias.

 

Por ejemplo, el gobierno de Brasil publica un índice bianual de calidad de la educación que categoriza los estados, las municipalidades y las escuelas. Esto hace que cada secretario de educación y cada gobernador estén pendientes de si ha mejorado su territorio y cómo lo han hecho. Están aprendiendo de cada uno, intercambiando experiencias y copiando programas. Es decir, se necesita un sentido de competencia entre los estados para ver cómo mejorar su desempeño.

 

En cuanto al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) —que me parece una de las mejores instituciones de su tipo en la región—, debe cuidar la rigurosidad de las pruebas. En el Servicio Profesional Docente, por ejemplo, México debe ser capaz de identificar a los mejores. Además, se requiere un soporte político para asegurar que la reforma está caminando en serio y que los más capaces están siendo recompensados.

 

Jeaniene Spink: La escuela es lo fundamental del sistema educativo

 

—Los sistemas de monitoreo y evaluación deben estar enfocados en el nivel de la escuela, no sólo en el nacional. Esta última debe sentirse parte importante del sistema escolar y responsable de sus deberes: el aprendizaje de los niños y la rendición de cuentas en el manejo de los recursos.

 

Por último, no hay que olvidar que en la construcción de un sistema nacional de evaluación educativa se requiere la corresponsabilidad de los actores, su voluntad y apoyo político y aún el soporte financiero que permita generar las intervenciones necesarias para la mejora.

 

Entrevista y traducción: Lizbeth Torres

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