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Decálogo de principios pedagógicos esenciales para la docencia frente a los jóvenes

 

 

Héctor Morales Corrales
Director general de Evaluación de la Coordinación Estatal
del Servicio Profesional Docente del Estado de México

 

“Es fundamental reconocer que el mejor aprendizaje se produce en una atmósfera afectuosa”, dice el autor, citando a Goleman, en este texto que pauta principios pedagógicos de apoyo para establecer una sensación de seguridad y conexión con los estudiantes.

 

El proceso docente educativo integra, en esencia, las influencias de todos los agentes que por diferentes vías intervienen en la formación del educando. Sin duda, un agente determinante es la pedagogía. Y es precisamente esta disciplina la que nos orienta respecto a los cómo de la enseñanza, que al final de la jornada quedan evidenciados en el aprovechamiento de los estudiantes.

 

Dado que los resultados de las evaluaciones educativas que se llevan a cabo en México han revelado deficiencias en torno al desarrollo del proceso docente educativo, se impone considerar diez principios pedagógicos que regulan la acción educativa.

 

1. Identificar el nivel real de conocimientos, así como el estilo de aprendizaje de cada alumno, para definir la brecha entre lo que sabe y lo que debe aprender. Es necesaria una evaluación diagnóstica de los conocimientos previos por parte de los docentes al iniciar cada clase o cada nuevo sistema de contenidos.

2. Diseñar el ambiente de aprendizaje de acuerdo con la edad y el nivel de conocimientos de los estudiantes. El aprendizaje se puede dar en cualquier lugar y en cualquier momento. Sin embargo, el ambiente propicio para éste no se produce al azar, hay que construirlo. Tanto el diseño de los aspectos físicos como el de los mentales y sociales debe elaborarse con criterio pedagógico. Hay que razonar por qué determinados espacios, colores, muebles, tecnologías de la información y la comunicación, materiales y herramientas pedagógicas, así como factores cognitivos, emocionales, socio-afectivos e interpersonales son indispensables para que se dé el hecho educativo.

La forma en que se trabaja en el salón de clases, la manera en que se dan los diálogos e interacciones, así como los útiles tangibles e intangibles en los procesos de enseñanza y aprendizaje deben diseñarse con base en la pedagogía moderna. Es fundamental reconocer que el mejor aprendizaje se produce en una atmósfera afectuosa, de apoyo, en la que exista una sensación de seguridad, de respaldo y atención, de cercanía y conexión con los alumnos (Goleman y Senge, 2016).

3. Cultivar la creatividad del alumnado y de los propios docentes. La creatividad es el ingrediente que nuestra educación requiere para dar un salto cualitativo. Estimular la imaginación, flexibilidad, curiosidad, inventiva y trabajo colaborativo, con el propósito de desarrollar gradualmente el espíritu y el pensamiento creativo y crítico de docentes y alumnos es una exigencia de la terca realidad.

4. Considerar los principios didácticos en la dirección del proceso de enseñanza-aprendizaje:

  • Carácter científico: la enseñanza de una materia debe guiarse por los avances de la ciencia que la respalda. El docente velará por que los conocimientos que enseñe sean verídicos y estén actualizados, así como por que las técnicas pedagógicas que emplee sean las más eficaces.
  • Vinculación de la teoría con la práctica. El enriquecimiento de una teoría tiene que partir de las exigencias de la práctica educativa. La teoría orienta a la práctica y ésta, a su vez, sirve de impulso desarrollador a la teoría.
  • Vinculación de lo concreto y lo abstracto. Es la necesidad de relacionar los datos reales concretos estudiados con sus generalizaciones teóricas en un proceso especialmente organizado para su apropiación por los estudiantes.
  • Sistematicidad. Se basa en la relación, interinfluencia y concatenación de los contenidos, así como en las posibilidades de desarrollo de los estudiantes.
  • Carácter creador, consciente y activo de los estudiantes. Que los alumnos no reciban conocimientos preparados, sino que ellos revelen las condiciones de su origen y desarrollo. El profesor debe estimular la curiosidad científica, la disciplina en el estudio, los intereses cognoscitivos estables, la constancia, la atención y la autoexigencia. Este principio pretende proyectar en los estudiantes el valor fundamental de la responsabilidad como mecanismo de autoayuda en su vida personal y profesional, teniendo en cuenta que tal responsabilidad ha de madurar en la medida en que el profesor inspire un comportamiento ejemplar a sus alumnos. Aprender a hacer y aprender a conocer resultan pilares fundamentales de la educación, por lo que aprender a ser y aprender a vivir juntos son los ingredientes fundamentales para una sana educación (Delors, 2008).
  • Asequibilidad. Exige que la enseñanza sea comprensible y posible de acuerdo con las características individuales de los estudiantes. Así, los contenidos deberán ser presentados de forma gradual por el docente, como vía para el desarrollo del pensamiento independiente y creador. Ello no significa simplificar la enseñanza, sino adecuarla a las posibilidades individuales y del grupo.
  • Alto nivel de dificultad. Hacer que el contenido y los métodos de estudio presenten niveles de dificultad que los estudiantes puedan superar para que se cumplan los propósitos de la acción desarrolladora de los docentes.
  • Solidez de los conocimientos. Radica en la lucha entre la asimilación y el olvido como principio psíquico normal. La primera es incompleta si los estudiantes son incapaces de mostrar los resultados de manera estable durante determinados periodos de tiempo.
  • Combinación del carácter individual y colectivo de la enseñanza. El proceso de enseñanza-aprendizaje debe conjugar los intereses del colectivo de estudiantes y los de cada uno, sobre la base de los objetivos y tareas de la enseñanza. Así, la puesta en práctica de la empatía permitirá el trabajo cooperativo y colaborativo en un ambiente de respeto y participación activa, lo que fortalecerá la interacción y creación de escenarios de enseñanza-aprendizaje con pleno apego al currículo oficial, agregando valor a los docentes y alumnos que posibilitan nuevas estrategias.
  • Atención a las diferencias individuales de los estudiantes. Se trata de que el docente conozca individualmente a los alumnos, sus características y sus procesos de aprendizaje para apoyarlos en la superación de sus deficiencias y en el progreso de sus potencialidades.

5. Aprovechar los diferentes tipos de aprendizaje, en especial el aprendizaje significativo. La clase debe considerar todos los ángulos del aprendizaje para que el alumno combine el razonamiento, la memorización, la atención y todos los procesos cognitivos que intervienen. Al incorporar aspectos contextuales (territorio, tiempo ambiente, alumnos, docentes y padres de familia) en el diagnóstico, se registran los factores predominantes rescatados de las actividades didácticas. Este principio impacta directamente en los ámbitos emocional y cognitivo, pues crea las condiciones de confianza y seguridad para abordar los objetivos curriculares de una forma divertida.

6. Impulsar a los estudiantes a crear, construir y elaborar sin temor al error. Deben combinarse los métodos y las estrategias de enseñanza-aprendizaje de manera que los estudiantes lleven a cabo los cuatro tipos fundamentales de actividad: cognoscitiva, valorativa, comunicativa y práctica. Este principio busca mostrar las bondades del tratamiento pedagógico del error: exhibirlo, estudiarlo y reflexionarlo hasta comprender cabalmente lo que ocurrió —cómo y por qué— para, finalmente, asimilarlo como lección. Y tener siempre presente que, como afirma Maxwell (2015): “A veces se gana, a veces se aprende”.

Como afirma Oppenheimer (2014), hay que enseñarles a los niños que los emprendedores más famosos del mundo tropezaron varias veces antes de triunfar. Crear en la sociedad la idea de que el fracaso es muchas veces la antesala del éxito.

7. Procurar la participación de los padres de familia en las actividades escolares. Las mejores escuelas de educación básica del mundo tienen como una de sus características la vinculación permanente con los padres de familia. La cultura, los valores y todos aquellos estímulos que enriquecen el “ser” de las personas (de los niños) se inician desde la base fundamental de la sociedad: la familia. Los padres son el referente básico, el auténtico modelo de vida del estudiante.

Un niño motivado por su familia desde casa sobresaldrá en el aula. Un niño inspirado en el aula por su profesor y respaldado por sus compañeros de clase será un ciudadano consciente, competente, creativo y compasivo que habrá aprendido a conducir su vida.

8. Vincular el proceso educativo con las problemáticas y características de la comunidad. Los docentes deben incorporar el análisis de temas y acontecimientos del entorno en que viven los estudiantes y enseñarlos a buscar soluciones de acuerdo con las necesidades de su contexto.

Esto, además de promover un aprendizaje significativo, ayuda a desarrollar valores como responsabilidad y solidaridad y a despertar la sensibilidad ciudadana.

9. Cambiar la pedagogía de la enseñanza por la del aprendizaje, y la pedagogía de la respuesta por la de la pregunta. El docente debe reafirmar su humildad y reconocer frente a su grupo las deficiencias sobre su propio conocimiento. Sólo de esta forma creará el escenario de confianza y seguridad de los niños. Esta premisa propicia que los estudiantes encuentren caminos distintos en busca de su propio aprendizaje. Vale la pena recordar la frase del filósofo español José Ortega y Gasset: “Siempre que enseñes, enseña a dudar de lo que enseñas”.

En la medida en que esto se practique, el alumno descubrirá que las preguntas correctas son la clave para alcanzar el éxito. Las preguntas cultivan humildad, respeto. Como lo expresa Maxwell (2014), permiten desarrollar nuevas y mejores ideas.

10. Practicar y promover sistemáticamente la autoevaluación y la coevaluación de docentes y alumnos. En todo proceso, la etapa evaluativa es fundamental para conocer los resultados y generar una balanza entre lo que se planeó y lo que se ha logrado. Es por ello que no se debe esperar al término de los ciclos académicos para practicarla, sino que debe volverse una práctica constante y una cultura social. Puede desarrollarse diariamente desde el comienzo de la clase, para recordar lo aprendido, hasta el final del día, para recrear la información y construir nuevos pensamientos. Las didácticas grupales en un ambiente de confianza harán de esta práctica una acción progresiva, novedosa y eficiente para el desarrollo cognitivo de los alumnos.

Referencias

Delors, J. (2008). La educación encierra un tesoro. México: Siglo XXI.

Goleman, D. y Senge, P. (2016). Triple focus. Barcelona: Zeta.

Maxwell, J. (2014). Buenos líderes hacen grandes preguntas. Nueva York: Casa Creación.

Maxwell, J. (2015). A veces se gana, a veces se aprende. España: Casa Creación.

Oppenheimer, A. (2014). ¡Crear o morir! México: Debate.

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