El arte de la autoeducación

Hace más de un siglo, en 1909, María Montessori publicó El método de la pedagogía científica, un libro verdaderamente revolucionario en el terreno educativo y, sin duda, todavía vigente a escala mundial.

Hace más de un siglo, en 1909, María Montessori publicó El método de la pedagogía científica, un libro verdaderamente revolucionario en el terreno educativo y, sin duda, todavía vigente a escala mundial. Sin embargo, como sucede a menudo, su suerte ha sido accidentada: la celebridad del nuevo método dio pie a versiones adulteradas que traicionaron o ignoraron sus principios básicos, y el atribulado curso de la pasada centuria tampoco dejó indemne el destino de la autora y de su obra. Se considera oportuno recordar a ambas con la certeza de que su espíritu se encuentra en la base de cualquier renovación educativa de corte humanista que aspire a formar personas mejores y más libres.

María Montessori nació en Ancona, Italia, el 31 de agosto de 1870. Su carrera intelectual fue vertiginosa e implacable. En 1884 inició estudios de ingeniería y posteriormente se formó en biología y medicina, convirtiéndose, en 1896, en la primera mujer italiana que adquirió el grado profesional en esta última disciplina. Al año siguiente ya era ayudante en la cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Roma, lo cual no impidió que estudiara antropología y se doctorara en filosofía.

Más interesante para nosotros es que, en calidad de miembro de la Clínica Psiquiátrica Universitaria de Roma, trabajara, entre 1898 y 1900, con niños diagnosticados como perturbados o psicópatas y que, con sensibilidad e inteligencia, advirtiera que sus problemas eran menos médicos que pedagógicos. Expuso sus hallazgos en Turín, lo cual le valió el encargo, por parte del ministro Baccelli, de dar un curso a las maestras de Roma sobre la educación de los niños con discapacidad mental. Éste tuvo un buen recibimiento y dio pie a la fundación de la Escuela Magistral Ortofrénica que Montessori dirigió durante dos años.

El trabajo con los niños se convirtió en su pasión, pero ello no impidió que participara en congresos internacionales para defender los derechos de las mujeres. Después de haber profundizado sus estudios en Londres y en París, en 1907 fundó la primera Casa dei bambini en Roma, cuyo modelo se diseminó con rapidez por Italia, el resto de Europa y Estados Unidos. Producto de esta experiencia fue la publicación del libro que hoy visitamos: Il metodo della pedagogia scientifica applicato all’autoeducazione infantile nella Casa dei bambini (1909).

Como se enfatiza desde el título, la propuesta se centra en la autoeducación de los niños; es decir, en estimular de manera controlada su independencia y libre espontaneidad, así como sus capacidades de observación empírica de la naturaleza. La idea, hoy tan en boga, de que la educación debe enfocarse en que el sujeto aprenda a aprender fue formulada, con otras palabras, hace más de un siglo por María Montessori —aunque, desde luego, hay otros antecedentes que se remontan al siglo VI a. n. e., con Lao Tse: “Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida”—.

Montessori postula que, para que este tipo de desarrollo sea posible, se necesita un ambiente estructurado, seguro y ordenado que esté exento de todo tipo de prejuicios (por género, discapacidad, etcétera) y donde prevalezca un profundo respeto por los niños y entre ellos, comprensión (amor) del docente, juego y experimentación directa. Tales son, en efecto, los tres ejes de su pedagogía: ambiente, amor y relación niño-ambiente.

A pesar del éxito de las escuelas Montessori, su expansión se vio interrumpida por el fascismo. El Duce cerró las escuelas en Italia. Primo de Rivera y, más tarde, Franco se opusieron a cualquier cambio educativo en España, donde se había establecido María Montessori, pues, durante la República, dicho país había acogido sus ideas con entusiasmo.

María Montessori murió en los Países Bajos en 1952, dejando tras de sí una obra monumental que aún no hemos logrado aprovechar cabalmente.

Fuente: María Montessori (2003). El método de la pedagogía científica aplicada a la educación de la infancia. Madrid: Biblioteca Nueva.

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