Cambio de paradigma: retos del docente en el siglo XXI

Deyanira Semadeni Rossette

“Buenos días profesor Jiménez”, era el coro con el que iniciaba el día de clases; inmediatamente después el profesor Jiménez indicaba al alumnado que podía sentarse. Ponerse de pie y saludar al docente era una muestra de respeto, pero sobre todo la manifestación de la estima socio-comunitaria por la figura del profesor. Socialmente las y los maestros eran icono y andamiaje de virtud… Sin embargo, la percepción del rol ha cambiado drásticamente.

En últimos años el docente ha sido centro de críticas y severos juicios, lo cual ha menguado el reconocimiento que las familias solían darle a su aportación y diario quehacer. Dentro de la cultura de la posmodernidad, las figuras de autoridad en general han perdido valor e influencia en la sociedad, especialmente en las generaciones jóvenes.

No pretendo abundar en las peculiaridades de la sociedad posmoderna ni en el tipo de educación que ésta requiere; me interesan los retos personales a los que se enfrenta el profesional de la educación y las posibles acciones que puede poner en práctica. Sobre todo, conviene reflexionar sobre la construcción emocional del rol docente.

Entre los desafíos que enfrentan las y los maestros en el actual marco contextual educativo están: a) masificación en los centros escolares; b) disgregación de los núcleos familiares; c) pérdida del prestigio de la figura docente ante padres de familia y dentro del Sistema Educativo Nacional (SEN); d) exigencias pedagógicas del siglo XXI con recursos del XX; e) falta de conocimientos pedagógicos y sobre desarrollo humano enfocados a proveerles recursos para su trabajo dentro del aula; f) crisis social; y g) inestabilidad e incertidumbre respecto del modelo educativo.

Estos retos, sin la apropiada canalización y manejo emocional, se convierten a menudo en crisis profesional. Ésta no es algo que se active y desactive dentro del centro escolar: la identidad que se construye como individuo está fuertemente influenciada por la profesional: para qué soy bueno, cuáles son mis talentos, a qué actividades dedico la mayor parte de mi tiempo, cuánta satisfacción encuentro en ellas, cómo trasciendo a través de su práctica… Estas cuestiones son constructos fundamentales del autoconcepto y la autoestima necesarios para desempeñarse tanto en el entorno social como en el emocional.

Un claro ejemplo de la crisis aludida es el conocido Burnout —síndrome de desgaste profesional— docente, que se reporta en 90% de las y los maestros que sufren agotamiento y genera ansiedad, depresión, apatía ante la labor magisterial, entre otros síntomas.

¿Qué hacer ante tal situación? No podemos cambiar el modelo educativo, restructurar los núcleos familiares, intervenir en la crisis social que vive nuestro país ni modificar el entorno de los estudiantes. Lo que sí está en nuestras manos es replantear la imagen social del docente que se ha interiorizado en todos los que nos dedicamos a esta profesión.

Describiré el constructo social sobre el rol del magisterio, útil en su momento, pero ya anacrónico ante los cambios sociales. Antes de ello, es oportuna la siguiente aclaración:

La noción de cómo debe ser, lucir y comportarse un ser humano y sus significados son constructos sociales y culturales que están marcados o contextualizados por una identidad colectiva, según el momento en el tiempo. La teoría del construccionismo social plantea que las múltiples construcciones de la realidad son producidas por el intercambio social y están determinadas histórica y culturalmente (Gergen, 2007: 214).

Inicié esta nota recordando que en cierto momento histórico y social el docente era una de las máximas autoridades, no sólo dentro del centro escolar sino en la comunidad, y que detrás del imaginario colectivo de la autoridad de maestras y maestros hay significados que construyen su identidad y, por lo tanto, tienen una carga emocional.

Cuadro 1

CONSTRUCTO SIGNIFICADO
Control sobre alumnos que le obedecen Poder y autonomía
Posesión de conocimientos Superioridad y proveeduría
Ejemplo de conducta Infalibilidad y pureza
Altruismo y sacrificio Abnegación y repudio personal

Fuente: Elaboración de la autora.

El docente que hoy ejerce se formó en el siglo pasado, por lo que los significados de algunos constructos representan en realidad sus valores y los peldaños de su identidad. ¿Qué sucede en el siglo XXI, cuando los alumnos ya no reaccionan de manera inmediata a la sola presencia del docente? Pierde poder y autonomía. ¿Cuando ya no es modelo de conducta, pues ha perdido el empoderamiento antes le otorgaba el sistema? Ya no se considera infalible y es cuestionado.

Así, se va desagregando la identidad del docente hasta el punto de que ya no sabe cuál es su lugar, contribución, su actuar y valor dentro de la sociedad. De la manera como una vez fue formado, como una vez actuó y pensó, hoy ya no forma parte del sistema de construccionismo social. ¿Qué hacer para no poder el rumbo, la identidad y todo lo que converge en ella? Seguramente ayudará seguir ciertos hábitos de salud emocional, que incluyen al pensamiento:

      1. Crear redes pro-sociales. Construir con otros docentes espacios de colaboración profesional y —¿por qué no?— también vínculos personales.
      2. Decir no al perfeccionismo. Las y los maestros son humanos, y los humanos se equivocan y se cansan.
      3. Rechazar la responsabilidad absoluta. El docente es formador y transformador, pero no es el único responsable de los actos de los alumnos y/o padres de familia.
      4. Establecer límites y ser congruente. Son dos elementos fundamentales para que se desarrollen relaciones sanas. Es preciso no permitir que se traspasen los limites profesionales y personales, aunque ello se trate de justificar con una buena causa.
      5. Delimitar espacios de restauración personal. Programar y respetar espacios de entretenimiento y descanso.
      6. Establecer metas profesionales y personales. Plantearse objetivos claros y realistas mantiene vivas la motivación, creatividad e innovación.

valores Es necesario replantear el constructo social del magisterio, pues ya no es el poseedor y proveedor del conocimiento, ni el individuo infalible que sacrifica todo por el alumnado. Hoy las y los maestros se convierten en compañeros de viaje de los jóvenes, mentores que guían desde su propia falibilidad, con su propia humanidad cargada —al igual que sus alumnos— de emociones, sentimientos, miedos y pasiones. El docente del siglo XXI es un humano guiando a otros humanos en su aprendizaje por la vida, que se respeta y respeta, que se reta y reta, que se valora para poder valorar al otro.

La forma de enfrentar la crisis social y educativa a la que se exponen las y los maestros es siendo, primero, personas con autoestima.

Referencia

GERGEN, Kenneth J. (2007). Construccionismo social: aportes para el debate y la práctica. Bogotá: Universidad de los Andes-Facultad de Ciencias Sociales- Centro de Estudios Socioculturales e Internacionales-Ediciones Uniandes.
PARRA, Fernanda (2018). “¿Cómo prevenir y revertir el estrés del maestro?”. Maestros de México (en línea).

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