Los museos: su relación con la escuela e importancia en la enseñanza y el aprendizaje

Por Verónica Garduño G.
06/05/2019

 

 

Una de las riquezas culturales de México es su amplia oferta museística. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el país hay por lo menos 1 156 museos, de los cuales casi 60% son siempre gratuitos, por lo que son un valioso recurso para apoyar la educación formal.

 

Se ha documentado que cuando aprendemos algo y lo acompañamos de una emoción intensa es mucho más probable que se quede en nuestra memoria por largo tiempo. Por eso los museos pueden tener una didáctica más potente que el salón de clase, dado que ofrecen cuantiosas oportunidades para detonar sensaciones, emociones y recuerdos, además de despertar la curiosidad por realidades fuera de lo cotidiano.

 

Por ejemplo, un grupo de niños aprende en el salón de clases acerca de las eras geológicas. Recibe información sobre seres enormes que vivieron en el periodo Jurásico o la megafauna que poblaba nuestro continente en la Era del Hielo. El maestro les pide que imaginen cómo sería. Pero si tienen la oportunidad de acudir al Museo de Historia Natural pueden ver un esqueleto de Diplodocus carnegii, de 25 metros de longitud, uno de los dinosaurios más grandes que existieron. Con esa experiencia tendrían una idea más clara de lo grandes que eran esos seres. Seguramente la experiencia será acompañada de emoción y sorpresa. Algunos se preguntarán cómo se encontró la osamenta y por qué se ha conservado: es el tipo de curiosidad que se encuentra en la base de la vocación científica.

 

Algo similar ocurriría si visitaran el Museo de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde se exhibe un esqueleto de mamut y un enorme caparazón de gliptodonte, mamífero acorazado pariente de los armadillos; además, podrían apreciar el tamaño real de los colmillos de un tigre dientes de sable.

 

Desde luego, no sólo las ciencias naturales pueden reforzarse y vivirse en un museo, también los conocimientos de historia, como los relacionados con el Virreinato, pueden enriquecerse visitando recintos de esa época y colecciones de objetos usados en los oficios cultivados en la Nueva España. Esto es posible en sitios como el Museo Nacional del Virreinato, que se encuentra en Tepotzotlán, o el Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec.

 

De hecho, la historia es el tema principal de los museos mexicanos. Entre éstos, 42% están dedicados a esta temática, 24.5% al arte, 22% a la arqueología, 5.3% a la ciencia, 2.9% a temas ambientales y de ecología, 1.9% a la paleontología, 0.7% a la tecnología y la misma cantidad a la industria. Aunque el contenido de los museos no coinciden punto por punto con los programas escolares, nos dan numerosas opciones para reforzar los conocimientos del aula.

 

Las aportaciones de los museos al aprendizaje forman parte de la educación no formal, es decir, que no certifica competencias y ocurre fuera de un contexto escolar, pero se ofrece de forma organizada y sistemática. Este tipo de aprendizaje puede, entre otras virtudes, complementar la educación formal y, en algunos casos, compensar los vacíos que se presentan en el sistema educativo.

 

En su artículo “Los museos en la educación de personas jóvenes y adultas”, Luz Maceira Ochoa recuerda que educar es sólo una de las muchas misiones de los museos, entre las que también se cuentan la conservación, la investigación y la difusión. Aunque no todos los museos consideran la educación como algo prioritario, muchos de ellos han creado departamentos o áreas dedicadas específicamente a este aspecto de su actividad. De hecho, algunos han establecido una relación explícita entre sus contenidos y los programas de educación básica, de suerte que ofrecen conferencias y talleres diseñados desde tal perspectiva.

 

Todos los museos encierran un potencial de conocimiento que padres y maestros pueden capitalizar. Aun en los tradicionales [donde se puede ver y oír, pero no tocar] hay gran posibilidad de tener experiencias didácticas significativas, que se multiplican en los interactivos. Algunos ejemplos de esta clase de museos en la Ciudad de México son el de la Luz, el Interactivo de Economía, Universum Museo de las Ciencias de la UNAM, El Rehilete y Papalote, en los que además de acceder al contenido de manera visual y lectora, se puede interactuar manual y corporalmente. No hay que olvidar la existencia de museos vivos, como zoológicos, acuarios y jardines botánicos; y de museos virtuales, como los planetarios y sitios arqueológicos.

 

De la misma manera en que la educación se va adecuando a las necesidades de la sociedad para cumplir su función, también los museos se renuevan y cambian sus enfoques con el fin de llegar a públicos más amplios y diversos; el reciente empleo de tecnologías digitales ha sido muy fecundo en este sentido. Muchos museos tienen programas orientados a profesores y ofrecen recursos en línea de los que se puede echar mano como apoyos al proceso de enseñanza aprendizaje. Uno de sus beneficios consiste en mezclar la educación con dosis óptimas de ocio y entretenimiento. Los conocimientos se adquieren así en un ambiente relajado y de libertad, donde cada individuo se relaciona de modo único y especial con los objetos y módulos que atrapan su interés.

 

Lo mejor es que los servicios pedagógicos se ofrecen a personas de todas las edades; ello abre la oportunidad para que padres y maestros perfeccionen sus conocimientos o adquieran nuevos.

 

 

Referencias

 

INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA Y GEOGRAFÍA (INEGI). Museos de México y sus visitantes 2017 (en línea).

MACEIRA, Luz (2008). “Los museos en la educación de personas jóvenes y adultas”. Revista Interamericana de Educación de Adultos 30 (1): 47-76.

 

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