Para tener buenos resultados en una política pública, se requiere voluntad política

¿Por qué es importante la evaluación educativa en América Latina?

La evaluación nos brinda información sobre la medida en que las políticas están resolviendo los problemas educativos, si cumplen o no con los objetivos para los cuales fueron creados
Marcos Enrique Roggero*

Una política pública que no se evalúa es una política sin horizonte, sin objetivos claros, concretamente, no mide el impacto que puede estar teniendo en el problema social que se pretende resolver. Y en una política pública se asigna personal, se conforman estructuras administrativas, se potencian determinados actores y se invierte presupuesto que proviene de los impuestos que paga la ciudadanía.

Las políticas educativas no son la excepción y requieren ser evaluadas. Sin embargo, la evaluación educativa no siempre es aceptada y mucho menos implementada; encuentra resistencias, genera controversia en torno a ella. Esto hace necesario subrayar algunas virtudes de la evaluación educativa.

Mejora la eficiencia, especialmente la eficacia de las políticas educativas en la resolución de los problemas.

Una política pública se formula para resolver un problema social. En el caso de las políticas educativas, pueden ser formuladas, por ejemplo, para mejorar el acceso a la educación, garantizar la matrícula de determinadas poblaciones, disminuir la deserción escolar, mejorar el rendimiento educativo o contribuir a la calidad educativa.

La evaluación educativa nos brinda información sobre la medida en que las políticas están resolviendo dichos problemas, si cumplen o no con los objetivos para los cuales fueron creadas. Y, mejor aún, cuando esa información es rigurosa y confiable. Al determinar los resultados y los impactos que las políticas educativas están teniendo, permite al gobierno tomar las decisiones correspondientes para corregir la política educativa evaluada (reformulándola, realizando ajustes en su implementación, acotando o ampliando la definición del problema que se pretende resolver).

Facilita la transparencia y rendición de cuentas.

La segunda cuestión por la cual la evaluación educativa es importante se desprende de la anterior, argumentando que brinda información que nos permite analizar cómo se están invirtiendo los recursos. En definitiva, qué está haciendo el gobierno al respecto de los problemas educativos con los recursos que provienen de los impuestos que paga la ciudadanía. Transparenta la gestión pública educativa y hace posible que el gobierno pueda cumplir con su obligación de rendir cuentas a la ciudadanía durante el periodo de gobierno (sin tener que esperar a la rendición de cuentas electoral), ganando tiempo en la resolución exitosa de los problemas educativos.

Promueve la discusión pública sobre los temas de educación.

Un tercer argumento es que la información rigurosa y confiable generada por la evaluación educativa promueve la incorporación en la agenda pública de los temas de educación y contribuye a mejorar la calidad de su discusión. La evaluación educativa no solamente proporciona más y mejor información para la toma de decisiones gubernamentales, sino que también trae luz a las situaciones problemáticas que se discuten en el espacio público. En tal sentido, ordena la discusión y la integración de la agenda pública, arbitrando y esclareciendo la validez de las causas, definiciones y soluciones que se argumentan en torno a los problemas educativos.

Involucra a la sociedad en las políticas educativas.

En este sentido, la evaluación educativa logra que se vaya armando una comunidad de actores de la sociedad civil en torno a la discusión de los temas educativos. Universidades, centros de investigación, fundaciones, Organizaciones No Gubernamentales (ONG) y think tanks, especialistas, investigadores, incluso periodistas especializados, van conformando toda una red de profesionales y expertos alrededor de estos temas. Estas “comunidades epistémicas” discuten y brindan información sobre las causas de los problemas educativos, enmarcan las cuestiones en el debate colectivo, proponen políticas específicas e identifican puntos de negociación.

Algunas de las vías para consolidarlas son la composición de las juntas o directorios de los institutos de evaluación, como también la creación de consejos consultivos académicos y sociales, o la creación de comités de técnicos expertos. Otra de las vías es la evaluación externa, entendida como la que realizan organizaciones distintas al gobierno.

Retos de evaluar en América Latina

Naturalmente, existen desafíos que la evaluación educativa debe enfrentar y recaen en los actores u organizaciones responsables de llevar a cabo estos procesos. La evaluación educativa es un proceso que conlleva cambios administrativos, políticos y también culturales. Y más específicamente de cultura política.

Promover una cultura política de evaluación.

La cultura de la evaluación en la región se viene consolidando lentamente. La evaluación (sobre todo externa) implica socializar y difundir información, independientemente si los resultados son buenos o malos. Esto, desde una cultura política de centralización de la información puede ser visto como pérdida de poder, como entregar información que puede ser usada en contra del mismo gobierno.

Pero esta miopía es un atributo no solo de algunos gobiernos sino también de alguna oposición, cuya tendencia a electoralizar todas y cada una de las discusiones desvirtúa el abordaje y tratamiento de los problemas educativos. Por ende, es necesario promover una cultura política de la evaluación, para que los gobiernos cumplan con la obligación de evaluar.

Choque de racionalidades: política contra técnica.

Otro de los desafíos que enfrenta la evaluación educativa en la región es el choque de racionalidades, de discursos, entre los políticos y los técnicos. La clásica tensión entre política y técnica es reeditada con los institutos de evaluación educativa y plantea responsabilidades de ambos lados.

La necesidad de tender puentes implica cambios organizacionales de ambas partes. En el caso de la política, incorporar la cultura de la evaluación; en el caso de la técnica, fortalecer las capacidades de negociación y persuasión. Lo cual nos lleva al tercer desafío de la evaluación educativa en general, pero más en específico, de los institutos de evaluación educativa en particular.

Fortalecer las capacidades políticas de los Institutos.

Es necesario incorporar capacidades políticas, de negociación y persuasión, además de las capacidades técnicas. Esto demanda un perfil de gestión pública muy particular, que no siempre se encuentra, pero que sin duda fortalecerá los institutos en la implementación exitosa de los procesos evaluativos, que son tan técnicos como políticos. El politólogo estadunidense John Kingdon decía que para que una política pública tenga luz verde deben coincidir simultáneamente las soluciones, los problemas y la política. Pues bien, en nuestro caso lo que se requiere trabajar mejor es la voluntad política.

*Marcos Enrique Roggero, es director de la Licenciatura en Gestión Pública de la Universidad Católica en Córdoba, Argentina.

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