Educación para la Democracia y el Desarrollo de México Palabras del consejero Gilberto Guevara Niebla

La educación es el medio privilegiado que tiene el país para enfrentar los grandes problemas que sufre: la ignorancia, la violencia, la corrupción, la impunidad, la ilegalidad, la pobreza, la desigualdad, el egoísmo, la intolerancia y la discriminación. Sin embargo, este medio no siempre ha operado satisfactoriamente. Hubo una época de auge en la educación nacional (mediados del siglo pasado), pero en seguida sobrevino, (fines del Siglo XX, principios del XXI) un periodo de declinación.

Este es el punto de partida de los planteamientos que hoy presentamos a ustedes. La educación mexicana sufre una grave postración. Aunque exhibe algunos logros, -sobre todo en materia de cobertura-, el sistema educativo de México sigue mostrando graves deficiencias en aprendizajes.

El Sistema Educativo Nacional tiene una dimensión gigantesca – es el quinto más grande del mundo-, es sumamente complejo en su organización, opera de manera desigual y produce resultados insatisfactorios.

Este gigantesco aparato no siempre ha sido orientado hacia objetivos precisos: muchas veces funciona como un arma de fuego en manos de un ciego. Rara vez da en el blanco. Para enfrentar este problema, este documento afirma que toda política educativa debe poner el acento en dos puntos fundamentales:

1) Ante la crisis de convivencia social se debe priorizar en la escuela la formación cívica y ética del alumno y fomentar en él valores para la convivencia democrática: autonomía, empatía, respeto, honestidad, tolerancia, paz, diálogo, solidaridad, justicia, respeto a las normas y a la diversidad.

2) Ante los bajos índices de productividad, se propone formar personas con habilidades y competencias que les permitan actuar satisfactoriamente en el trabajo y la vida productiva.

La educación no debe estar sujeta a doctrinas ideológicas predeterminadas, tampoco debe imitar mecánicamente las experiencias exitosas del extranjero. México debe construir su proyecto educativo con base en su experiencia histórica, generar la justicia social que el país demanda requiere concebir la educación de calidad desde una visión humanista, ajena a prejuicios, igualitaria, crítica e inclusiva.

La postración que vive la educación nacional reclama que usemos, para abordarla, un lenguaje directo y claro, que nos alejemos de eufemismos y retóricas gastadas que sólo han servido para ocultar la realidad y reproducir la crisis que nos agobia. Un factor causal de la declinación educativa es la desigualdad en el funcionamiento del sistema, es decir, se ofrecen servicios educativos de buena calidad a la población más solvente y servicios de baja calidad a la población más pobre y en desventaja. Esta desigualdad es el principal motor de la crisis educativa. Jamás se logrará producir una educación de calidad para todos si no se ataca este crucial problema. Es urgente, por lo mismo, elevar la calidad de los servicios educativos que se ofrecen en las zonas más vulnerables del país.

Otro factor causal es la existencia de una organización gremial enorme que influye decisivamente en el funcionamiento de las escuelas y que por momentos desborda sus funciones invadiendo la esfera de la autoridad educativa. Hay una cultura gremial que marca la pauta a las prácticas educativas. Junto a esto, existe una excesiva burocratización en la gestión del sistema educativo que resulta muchas veces asfixiante para los profesores y para las escuelas.

En el gobierno de la educación se reflejan los problemas estructurales del Estado Mexicano. No está claro que exista un adecuado equilibrio entre los poderes: el ejecutivo no tiene muchas veces el contrapeso esperado, el legislativo no cumple eficazmente su misión de avaluar lo que el ejecutivo realiza en materia educativa, el poder judicial se diluye ante la omnipresencia del ejecutivo. En los últimos años este desacomodo se ha hecho patente sobre todo en las entidades federativas.

En educación, el ejecutivo carece de contrapesos adecuados. Por añadidura, con frecuencia se colocan en los puestos de dirección educativa a personas ajenas al sector y sin las competencias indispensables para dirigirlo. El resultado suele ser desastroso y las consecuencias, como siempre, repercuten tristemente en la educación de niños y jóvenes.

PROPUESTAS

Es deseable que la política educativa continúe colocando en el centro a los maestros. No se trata de culpabilizarlos —es absurdo hacerlo—, por el contrario, se trata de acrecentar su poder, de impulsar su profesionalización, de mejorar sus condiciones de trabajo, de proveerlos de los medios necesarios para su continua actualización. Se trata igualmente de revalorar y destacar la función social del maestro. Esto exige como condición adicional que la carrera docente esté sujeta a un sistema de reglas imparciales y transparentes que aseguren que los movimientos dentro de la carrera correspondan al mérito de cada uno.

No debe darse espacio para el manejo arbitrario de plazas, promociones o estímulos, como sucedía en el pasado. En este documento se dice literalmente (página 35): La evaluación docente es el medio adecuado para ponderar el mérito de cada docente e impulsar su desarrollo continuo. Sin embargo, la experiencia de estos cinco años revela limitaciones que obligan a someter a revisión la evaluación dentro del Servicio Profesional Docente escuchando las diversas voces de maestros y maestras. Aspectos por examinar, y en su caso corregir, son la Evaluación de Desempeño y sus consecuencias, así como la relación entre Evaluación y Formación.

Dentro del mismo propósito se plantea la necesidad de apoyar la formación inicial de docentes, principalmente mediante la vigorización de las escuelas normales y desarrollar nuevas políticas en materia de formación continua.

También es deseable que la política de fortalecer la escuela y darle centralidad tenga la continuidad necesaria.
La escuela debe ser el centro del sistema educativo, aunque eso suponga una reorganización integral del sistema.

En fin, nuestro documento enuncia diez propuestas específicas entre las que sobresale la urgencia de desarrollar acciones que apunten a activar el papel educador de los padres de familia, promover la cultura de la evaluación, incrementar el financiamiento educativo, pero sobre nuevas bases, etc., etc. En fin, se trata de una agenda de ideas y sugerencias que esperamos sea útil para el público y para los partidos que participan en la actual campaña electoral.

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