Líderes escolares: pilares del sistema educativo mexicano

Si bien sabemos que el sistema educativo mexicano tiene enormes carencias en rubros tales como presupuesto, infraestructura y calidad, es necesario reconocer que existen esfuerzos gigantescos para que los estudiantes adquieran la mejor formación posible.

Texto y videos: Erick Juárez Pineda
Fotografías: Maricela Moreno Rodríguez

Todos los días, millones de alumnos, profesores, personal administrativo, de intendencia y directores entran a las aulas a dar lo mejor de ellos, con los recursos que tienen a la mano. Nuestro sistema educativo –uno de los cinco más grandes del mundo, según cifras de la Secretaría de Educación Pública– alberga en sus entrañas a más de 36 millones de alumnos, 2 millones de docentes y 250 mil planteles en todo el país.

No es fácil hacer funcionar diariamente un sistema de estas proporciones para lograr que millones de personas aprendan en sus aulas y los profesionales educativos desarrollen sus capacidades; se requiere de grandes líderes que acompañen, guíen y ejecuten con los recursos disponibles para el mejor aprovechamiento escolar.

Al hablar de líderes educativos, la mayoría de las personas no se refieren a titulares de dependencias o servidores públicos detrás de un escritorio, sino que suelen pensar en profesores, directores y supervisores, quienes todos los días se enfrentan a las diversidades tan complejas de los alumnos, a sus distintos contextos y situaciones socioeconómicas.

Aunque la figura de un líder ha sido vista tradicionalmente como una persona autoritaria que sólo ordena y delega, este concepto ha cambiado y la materia educativa no es la excepción, pues las necesidades de cada comunidad escolar así lo exigen.

Un líder, señalan quienes laboran en las aulas, es aquel que comparte y promueve la mejora de la comunidad escolar, tanto dentro como fuera de las instalaciones; una persona que impulsa a sus compañeros a ser mejores personas, subordinados, padres de familia y alumnos, a través del ejemplo.

Ser un líder no significa precisamente ser una autoridad; se trata de una figura que influye en los demás. La comunidad escolar se mueve, sin duda, a través de las acciones que éstos realizan, y su desarrollo y mejora abarca la voluntad y participación de la mayoría de los involucrados en los procesos educativos.

De acuerdo con lo que expone Bernard M. Bass, doctor en Psicología y profesor-investigador de la Binghamton University, en su libro Leadership and Performance Beyond Expectations (1985), los líderes logran mejores resultados en una o más de las siguientes maneras: son carismáticos a los ojos de sus seguidores y son una fuente de inspiración para ellos; pueden tratarlos individualmente para satisfacer las necesidades de cada uno de sus subordinados; y pueden estimular intelectualmente a los mismos.

Estos factores, explica Bass, representan los cuatro componentes básicos del liderazgo transformacional:

Influencia idealizada (liderazgo carismático). Ésta es fuerte entre líderes que tienen una visión y sentido de misión; se ganan el respeto y la confianza de su comunidad; y adquieren una identificación individual fuerte con sus seguidores.

Consideración individualizada. Los líderes se concentran en identificar las capacidades y en diagnosticar las necesidades de sus seguidores y las atienden de manera personalizada. También les delegan, entrenan, aconsejan, proveen retroalimentación y elevan el nivel de responsabilidad de sus seguidores, así como su nivel de confianza, no sólo para que cumplan con los requisitos de trabajo y para maximizar su desempeño, sino para potenciar el desarrollo personal de los mismos.

Estimulación intelectual. Los líderes promueven activamente una nueva mirada a viejos métodos; fomentan la creatividad y enfatizan la reflexión y reexaminación de suposiciones subyacentes a los problemas. También utilizan la intuición y una lógica más formal para solucionar los desafíos. Además, quienes estimulan intelectualmente desarrollan seguidores que atacan los problemas usando sus propias perspectivas únicas e innovadoras, es decir, los seguidores se transforman en solucionadores de problemas más efectivos con y sin la facilitación del líder.

Liderazgo inspiracional. Los líderes dan ánimo, aumentan el optimismo y entusiasmo, y comunican sus visiones de futuros realizables con fluidez y seguridad.

Sin duda, en cada escuela de México existe un líder educativo que cumple a cabalidad con estas características y que es pieza fundamental en el desarrollo de su comunidad.

Escuela de Trabajo Social de Chihuahua: escuela de líderes

La Escuela de Trabajo Social del estado de Chihuahua es un claro ejemplo de liderazgo. Fue concebida propiamente como un experimento social al edificar sus instalaciones en una de las colonias más complicadas de ese estado, pues el propósito fue que sus estudiantes ayudaran a la población a resolver diversos problemas que les aquejaban.

Esas calles de la Colonia Lealtad se distinguían por un ambiente de violencia, desigualdad, pobreza e inseguridad. Ante ello, hace 60 años, la escuela “Profra. y T.S. Guadalupe Sánchez de Araiza” se fundó con el objetivo de crear líderes en intervención social para ayudar, en primera instancia, a la comunidad que los albergaba y que tantas necesidades tenían, tanto entonces como ahora.

Para lograr este liderazgo, los profesores de la escuela han jugado un papel muy importante, pues han transmitido a sus alumnas un gran sentido de responsabilidad y pertenencia, fundamentales para el trabajo con la población.

Mayra Flores, profesora y directora de docencia de esta institución, explica que el camino ha sido largo pero fructífero, pues cada profesor que llega debe tener un amplio conocimiento de la materia que impartirá, así como una buena pedagogía de la misma, por lo que la selección, capacitación y evaluación de los profesores se hace de manera rigurosa, a fin de que no se conviertan sólo en un personaje más frente al aula, sino en un líder que lleve, desde su perspectiva, al mejoramiento de la comunidad educativa.

“Para que un profesor sea un buen líder educativo primeramente tiene que conocer la disciplina que impartirá, dominar el contenido de la carrera y de las asignaturas. Así, cuando se tiene este dominio, se puede aclarar con seguridad las dudas que surjan por parte de los estudiantes. Esto tampoco significa que estén obligados a conocer todo, pero sí deben estar conscientes de que deben estar en constante preparación”, explica.

La directora Flores puntualiza que la carrera de Trabajo Social exige una actualización permanente. “Nosotros observamos e intervenimos en los fenómenos sociales que ocurren en nuestras comunidades y, por ello, tenemos que estar más preparados. Somos, por así decirlo, una escuela de líderes, pues un trabajador social busca las soluciones óptimas para estos fenómenos. Es por ello que los docentes deben representar un liderazgo muy fuerte, ser un ejemplo para los alumnos y para otros profesores”, afirma.

Jaime Álvarez, profesor de la misma escuela, considera que las principales características de un líder son su gran actitud de servicio y su buena planeación, cualidades que se pueden encontrar en un profesor. Esos atributos, sostiene, deben enfocarse en querer ayudar a sus alumnos y dirigir esa pasión para buscar el bienestar y desarrollo profesional de los mismos.

En este sentido, recuerda que Pablo Latapí, en Carta a un maestro, señala que la educación tiene dos caras. En la primera se encuentran los bajos sueldos, el poco reconocimiento social y demás carencias que enfrenta el sistema educativo mexicano. En la segunda cara está la satisfacción de enseñar, el alto honor de ser profesor y la gran responsabilidad de ser un ejemplo para los demás.

Advierte que los profesores llegan todos los días con la pasión de entrar a su trabajo y compartir lo que saben; sin embargo, muchos no perciben el apoyo de los padres de familia o de la sociedad. “Nos sentimos en una gran soledad en las aulas”.

Por último, señala que el liderazgo debe estar presente en todos los sectores que abarca el sistema educativo, desde las autoridades del más alto nivel, hasta el más humilde puesto.

Escuela Primaria ‘Andrés Iduarte’: liderazgo y planeación, ejes centrales de su desarrollo

La Escuela Primaria “Andrés Iduarte”, localizada en la delegación Gustavo A. Madero de la Ciudad de México, parece a simple vista una escuela común, pero tiene algo especial: al frente se encuentran grandes líderes, más de 30 docentes y administrativos, que día a día enseñan a casi 500 alumnos.

La clave de su labor es la empatía, la planeación y la convicción de que pueden hacer grandes alianzas en la comunidad educativa.

Desde la perspectiva de Andrea Arellano Hernández, su directora, la principal característica que debe tener un líder educativo es la empatía con toda la comunidad: comprender la diversidad de situaciones que enfrenta la población escolar. Además de esto, contar con amplios conocimientos de aspectos tanto técnico-pedagógicos como legales.

En este sentido, explica, la planeación escolar debe pensarse desde el trabajo colaborativo. “La planeación debe surgir desde los profesores, directores, el Consejo Técnico Escolar y los padres de familia, a fin de generar discusiones, propuestas, estrategias y evaluación de resultados que mejoren la vida académica”, apunta.

Por tal motivo, considera fundamental fortalecer el diálogo con los padres de familia, pues es escasa su participación en la toma de decisiones.

Para lograr los objetivos, expone, debe haber una visión de comunidad y sensibilización, lo cual requiere de eliminar prácticas autoritarias que poco o nada incentivan esta disposición al diálogo.

Para que se fomente el liderazgo educativo en todas las escuelas, sugiere a las autoridades educativas que se actúe de manera decidida para ahuyentar la corrupción en todos los niveles, pues considera que los favoritismos y las prácticas deshonestas dañan fuertemente la educación de los menores.

Ana Laura Poucholen Alarcón es la otra líder con la que cuenta esta escuela de tiempo completo. A partir de su experiencia como subdirectora académica, y anteriormente como asesora técnico-pedagógica, se ha dado cuenta de que la planeación es una pieza fundamental para lograr este liderazgo, misma que debe ser acorde con las necesidades de los niños y profesores.

La planeación, reitera, es uno de los componentes más importantes para llevar a buen puerto la tarea educativa, pues sienta las bases para establecer objetivos y tareas a realizar.

Destaca la importancia de que un líder educativo conozca claramente las metas, esté comprometido con las mismas y tenga un amplio conocimiento de la organización de la escuela.

Sobre la escasa participación de los padres de familia, la subdirectora coincide en que se les debe involucrar más en las actividades académicas, a fin de que tengan una mayor comprensión de lo que sucede en las aulas.

“Los padres de familia tienen una gran responsabilidad sobre el bajo rendimiento escolar de los niños, pues se han desinteresado bastante en la educación de los mismos. Nosotros –líderes, profesores, administrativos– no podemos llevar a cabo la tarea integral de la educación, debe ser compartida”, concluye.

Autonomía escolar: clave para el liderazgo educativo

En todo este contexto, diversos profesores entrevistados coinciden en que la autonomía escolar es un elemento importante dentro de la Reforma Educativa para formar e impulsar el desarrollo de los líderes académicos; esta autonomía debe fortalecerse e implementarse de manera correcta para que el sistema educativo mexicano tenga mejores resultados y el personal escolar se comprometa más con su tarea.

Al respecto, Irving León Sotelo, profesor de Educación Física de la Escuela Primaria “Afganistán”, de la Ciudad de México, considera que la autonomía es una de las partes benéficas del nuevo modelo educativo, puesto que busca darles más libertad a los docentes para que se desenvuelvan en lo que realmente son buenos y lo transmitan correctamente a sus alumnos.

Sobre las características de un buen líder educativo opina que debe tener una enorme pasión por enseñar y, con ello, influir positivamente en sus alumnos y compañeros.

León Sotelo expresa que la planeación, fuera del aspecto administrativo, debe generar confianza y motivación tanto personal como para la comunidad escolar, a fin de que, en la parte del papeleo, refleje una manera sencilla de realizar el trabajo.

Por otra parte, el profesor Fortunato Palacios, quien imparte la materia de Matemáticas en la Escuela Secundaria Federal Núm. 328, considera necesario que autoridades educativas y líderes escolares intervengan para rescatar algo muy valioso que poco a poco se ha perdido en la escuela: la disciplina del alumno y la figura de autoridad del profesor.

Señala que los alumnos, padres de familia y la sociedad en general, ya no ven a los maestros como una figura de autoridad y respeto, lo cual influye negativamente en el bajo desempeño escolar de muchos estudiantes.

Explica que la autonomía debe verse reflejada en las aulas lo más pronto posible, a fin de que se recupere ese liderazgo que se ha perdido en muchas escuelas situadas en contextos difíciles.

Por último, hace hincapié en que la sociedad debe revalorar el quehacer de los maestros, para lo cual el apoyo de los padres es fundamental, teniendo en cuenta que una mala educación impacta no sólo en el desarrollo de las nuevas generaciones, sino de las comunidades en su conjunto.

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