Reforma Educativa: para formar mejores ciudadanos

Poco después de que se firmara el denominado Pacto por México, en diciembre de 2012, con el previo consenso entre el presidente de la República y los principales partidos del país, se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el 26 de febrero de 2013, una reforma que la sociedad civil —incluida la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF)— había pedido durante mucho tiempo, orientada a mejorar la calidad educativa de México.

Poco después de que se firmara el denominado Pacto por México, en diciembre de 2012, con el previo consenso entre el presidente de la República y los principales partidos del país, se publicó en el Diario Oficial de la Federación, el 26 de febrero de 2013, una reforma que la sociedad civil —incluida la Unión Nacional de Padres de Familia (UNPF)— había pedido durante mucho tiempo, orientada a mejorar la calidad educativa de México.

Se trata de una guía para encaminar todos los esfuerzos a lograr dicho objetivo, pues los resultados obtenidos, tanto en mediciones nacionales como internacionales, mostraban una situación de emergencia educativa que exigía actuar de manera inmediata con el fin de garantizar el derecho a una educación de calidad.

Durante la primera etapa de la reforma se creó el Sistema Nacional de Evaluación Educativa, se instituyó el Servicio Profesional Docente, se llevó a cabo el censo educativo, y el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) se convirtió en un organismo público autónomo.

Después tuvo lugar, entre otras transformaciones, la reforma a los planes y programas de estudio, en general enfocados en los aprendizajes clave, es decir, aquellos que contribuyen al desarrollo integral de los estudiantes con la intención de que sigan aprendiendo a lo largo de sus vidas; se reformaron los libros de texto, adecuados a los nuevos planes; y apenas hace algunos días —junio de 2018—, se dieron a conocer los libros de primero y segundo grados de primaria y los de primero de secundaria.

Hoy, la Reforma Educativa es una realidad y sigue avanzando a pesar de los retos que todavía enfrenta. Sin embargo, falta mucho por hacer; por ejemplo, las normales superiores han sido descuidadas de manera sistemática y la reforma debió haber puesto desde el inicio, como pieza fundamental, la formación del magisterio, antes incluso que la misma evaluación docente. Es necesario dignificar al gran actor del cambio. No podemos entender una reforma en materia educativa sin el fortalecimiento, la capacitación y el desarrollo de los maestros, quienes dedican su vida a esta noble labor.

En el terreno que incumbe directamente a la UNPF, la reforma también tiene muchas asignaturas pendientes, pues no ha logrado la participación real y efectiva de los padres de familia en la toma de decisiones, tanto en cada plantel escolar como en la creación de política educativa. Al ser dichos actores los primeros y principales educadores de sus hijos, debería haber un organismo conformado por ellos para estar presentes en las decisiones de los contenidos educativos y de la formación cívica, ética y humana que han de recibir los alumnos dentro de los recintos escolares.

Si bien es cierto que antes de la Reforma Educativa ya existía la figura del Consejo Escolar de Participación Social, ésta no ha terminado de madurar y, en muchos casos, sólo existe en el papel, pues en la práctica carece de autonomía y de fuerza para participar como verdadero actor en la vida del plantel escolar.

También convendría revisar la relación de la Secretaría de Educación Pública (SEP) con los sindicatos magisteriales, pues en algunos estados los líderes de dichas organizaciones han obstaculizado la puesta en práctica de la Reforma Educativa, gozan de privilegios que ningún otro sector laboral tiene y, en muchos casos, doblegan la autoridad a su capricho.

Definitivamente, las escuelas de financiamiento particular son las grandes olvidadas por la Reforma Educativa, pues se les exige una cantidad de requisitos que las públicas no deben cumplir. Hasta se les ha cambiado de nombre, para convertirlas en giros comerciales, en lugar de incentivarlas y tratarlas como lo que realmente son: instituciones educativas que colaboran con el país en la noble tarea de la formación humana. Además, se les ha dado una carga fiscal excesiva que les dificulta en gran medida la inversión en sus planteles: tienen una doble tributación, al pagar todos sus impuestos y al estar obligadas, además, a otorgar un cierto número de becas —lo que no sucede en ningún otro sector—, y no cuentan con ningún tipo de estímulo ni de financiamiento.

Son muchos los retos que se tienen que superar si aspiramos a tener un avance significativo en la calidad educativa. Es una realidad que esta reforma no puede dar marcha atrás por caprichos de ciertos grupos con intereses ajenos a la educación de calidad que deseamos para todos nuestros estudiantes.

Además de los conocimientos, es necesario poner especial atención en la formación humana. La Reforma Educativa debe tener como principal función una educación humanista, que forme alumnos con valores, con amor, con ética y con una cultura de paz para enfrentar la pobreza y la desigualdad, la violencia y la inseguridad, la corrupción y la impunidad. Es tiempo de formar una auténtica comunidad escolar con el fin de formar a los ciudadanos que queremos para México.

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